Llevábamos
aún pocos días en la India cuando nos acercamos a Jaisalmer, ciudad desde la
que hicimos algunas excursiones que merecieron mucho la pena. Se supone que la
luz del sol poco antes del ocaso es preciosa, pero nosotros no tuvimos suerte y
el cielo estaba demasiado nublado.
Lo que
sí resultó interesante, fue visitar estos cenotafios que se encuentran apenas a
6 kilómetros al norte.
Nuestro
chófer nos dejó en un aparcamiento, y desde allí apenas hay que caminar unos
metros por una suave pendiente.
Se los
conoce por el nombre de Barabagh y también como Bada Bagh, que significa Gran
Jardín, aunque cuando estuvimos nosotros, en noviembre de 2011, el desierto
dominaba por completo sobre el verde.
El
maharajá Jai Singh II, descendiente de Jaisal Singh, fundador del estado, fue
quien encargó la construcción de una presa en el siglo XVII, pero sería su hijo
Lunkaran quien mandaría edificar los jardines junto al lago artificial. En
Wikipedia escriben que datan del siglo XVI, pero hay una contradicción, ya que también
dicen que se empezaron a construir mientras gobernaba Jai Singh II, que había
nacido en 1688.
Los
cenotafios fueron edificados en piedra arenisca durante un largo periodo de
tiempo, y, de hecho, queda uno sin terminar que data del siglo XX.
Los
muchos monumentos funerarios honran a gobernantes de toda condición, desde
maharajás hasta príncipes y reinas; difieren en tamaño, pero todos tienen una
losa de mármol, así como inscripciones que recuerdan a los fallecidos.
Se
encuentran en lo alto de una colina, aunque para ver la puesta de sol nos
llevaron a otro mirador cercano.
Jaisalmer
está un poco lejos, pero cualquier recorrido por esta parte de la India debe
contar con dedicarle al menos un par de días.



