Ya os he mostrado en varias ocasiones nuestro viaje por Sicilia, realizado hace ya más de diez años, así que no os sorprenderá
descubrir, una vez más, la belleza de esta isla conocida más por otros aspectos
menos agradables que por sus verdaderos encantos. Sigo pues, mi cruzada contra
ciertos prejuicios.
Aquél
día amaneció algo nublado. Andábamos por los alrededores de Siracusa, con la
intención de visitar esta inmensa necrópolis de más de 5.000 tumbas excavadas
en la roca.
Patrimonio mundial de la Unesco, las tumbas datan de
los siglos XIII – VII a.C.
Hay varios cañones por la zona, formados por los ríos
Anapo y Calcinana, y la vegetación se agarra como puede a las paredes
verticales.
Con la llegada de los sículos, entre otros invasores,
la población hubo de buscar refugio en el interior de la isla, en zonas más
escarpadas, más fáciles de defender. Pero esto solo es el principio, luego
pasarían por aquí los griegos, repitiéndose la historia en la Edad Media.
En realidad la necrópolis está dividida en varias áreas,
la de Filiporto, con un millar de tumbas; la del Noroeste, una de las más
antiguas; la de Cavetta, con restos bizantinos; y la del Norte, la más extensa.
Creo que al no habernos preparado la visita nos dejamos muchas cosas en el
tintero, si bien es cierto que enseguida empezó a llover y que teníamos un
largo camino por delante.
Fuente:
Wikipedia

