En octubre de 2010, como colofón al que fue nuestro primer safari, pasamos
algunos días en Zanzíbar. Disfrutamos de un mar cálido en un ambiente relajado,
pero también hicimos algunas excursiones, como esta que os traigo hoy, a la
capital del archipiélago.
Como es habitual en estos países, el primer lugar al
que te llevan es un mercado, de frutas y de pescado, aunque también había otros
productos. Aquellos sensibles a los olores fuertes siempre pueden optar por
hacerse las uñas, que como veis en el cartel, aquí la oferta es variada.
No muy lejos se encuentra el antiguo mercado de esclavos, sobre el que se
asienta ahora una catedral anglicana erigida en 1874 por el obispo Edward
Steere. La esclavitud fue un negocio muy próspero sobre el que se asentaba la
economía del sultanato hasta que fue prohibida en 1873 por el sultán de
Zanzíbar. Todavía pueden visitarse algunas de las mazmorras en las que encerraban
a los pobres desgraciados.
Unas esculturas, realizadas por Clara Sornas en 1998 nos recuerdan esa época tan terrorífica. Pone los pelos de punta estar en el mismo
lugar en el que se rompieron tantas familias y se perdieron tantas vidas. Cuánto
sufrimiento infligido debido a la avaricia de unos pocos. Livingstone, que
estuvo en la ciudad en 1866 tuvo mucho que ver en la abolición de esta horrible
práctica comercial.
El nombre de Stone Town (Ciudad de piedra en español) viene de las rocas
coralinas utilizadas para construir los edificios. Lo cierto es que se
deterioran fácilmente por la fragilidad de la materia prima y porque se
remontan en su mayor parte al siglo XIX. Su importancia en la cultura suajili,
fue el detonante para que fuese declarada Patrimonio mundial de la UNESCO en
2000.
El centro de la población es un laberinto de calles
estrechas en las que se agolpan viviendas, tiendas, mezquitas y mercados
diversos. Llaman la atención las puertas, rectangulares cuando son de estilo
árabe, y de formas redondeadas las hindúes.
Los
portugueses, que dominaron la isla durante un par de siglos fueron sus
fundadores, pero sería el Sultanato de Omán quien tomara el relevo en el siglo
XVII, construyendo un fuerte. Los años más prósperos propiciaron la
construcción de edificios sobre pilares que les protegieran de las
inundaciones, pero con amplias terrazas en las que combatir el calor tropical.
La House of Wonders (Casa de las maravillas) que en la actualidad acoge
un museo, es un buen ejemplo de ello. En el enlace encontráis información sobre
ella en inglés.
Fue
diseñada por un ingeniero y marino escocés, siendo construida por el sultán
Barghash Bin Said en 1883. Como os decía, acoge un museo desde el 2002,
dedicado a la historia de Zanzíbar y a la cultura suajili.
Encontramos
allí el coche utilizado entre 1964 y 1972 por el primer presidente del
archipiélago, Abeid Amani Karume, así como un Baghala Dhow, una embarcación que
se construía en Omán además de en otros lugares del Golfo Pérsico y que ya no
se utiliza.
Desde la amplia terraza, que circunda el edificio, tenemos vistas de la ciudad y del
puerto.
Nosotros
continuamos nuestro paseo, en esta ocasión en dirección al fuerte, que sirvió también
de prisión y de estación de tren.
Callejeamos
entre bazares y mercados hasta llegar a la casa natal de Freddie Mercury, pero
no llegamos a visitarla por dentro.
La
ciudad aúna, por tanto, varios puntos de interés, ya sean históricos,
culturales o antropológicos, y sirve como complemento a aquellos que hayan ido
hasta allí buscando sol y playa.






























