domingo, 13 de enero de 2019

Oslo VIII – Gjoa

Hace algo menos de un año hice esta entrada sobre el FramPues bien, sin necesidad de salir del museo, atravesando un pasillo subterráneo, llegamos hasta el edificio donde se exhibe otro barco mítico, el Gjoa.
Os advierto de que mi interés por las exploraciones me ha llevado a escribir una entrada más prolija de lo habitual, por lo que, si de verdad estás interesados, os recomiendo que os pongáis cómodos, que vienen curvas.


El ser humano siempre ha mostrado interés por el comercio, y con los avances científicos las rutas se fueron ampliando hasta alcanzar los puntos más lejanos del globo terráqueo. No obstante, los dos caminos practicables entre oriente y occidente – por América del Sur y bordeando África – estuvieron monopolizados durante mucho tiempo por los imperios español y portugués respectivamente, lo que motivó que se buscara activamente una ruta alternativa por América del Norte.
En Wikipedia hay un buen artículo en el que comentan los diversos intentos, el más penoso de los cuales protagonizado por John Franklin en 1845, en una expedición en la que nadie sobrevivió.
Al final sería el noruego Roald Amundsen quien se llevaría el gato al agua al descubrir el ansiado paso en 1906, cinco años antes de su llegada al Polo Sur. El barco que nos ocupa hoy, permitió la primera de las dos hazañas.


Los acreedores acuciaban a Amundsen, pero éste logró reunir algo de dinero que les aplacara, permitiendo al Gjoa partir finalmente de Kristiania (la antigua Oslo), un lluvioso 16 de junio de 1903, en dirección al Atlántico Norte. Se detendría aún en un par de ocasiones en la costa oeste de Groenlandia, para recoger perros y ropas proporcionadas por los inuits, así como los suministros necesarios para completar el viaje.
El 22 de agosto arribaron a Beechey Island, el último puerto de invierno conocido de la desdichada expedición de Franklin. Desde allí navegaron por Peel Sound, manteniéndose cerca de la Península de Boothia para evitar el hielo. Pero pocos días después surgirían los primeros contratiempos: el barco golpeó repetidamente bancos de arena y también se originó un incendio en la sala de máquinas, donde se guardaban 16.000 litros de queroseno sin que, afortunadamente, estos fuesen alcanzados por las llamas.


--> Un par de noches más tarde, volvían a chocar, esta vez contra un arrecife, quedando embarrancados. Se aligeró la nave sin que sirviera para nada, hasta que un vendaval hizo que el Gjoa fuera arrancado de las garras del arrecife, liberándolo por fin. A pesar de todos estos lances adversos el barco no estaba seriamente dañado y pudo continuar su travesía por aguas más profundas.


--> El 9 de septiembre habían llegado al estrecho de Simpson, que estaba libre de hielo. Podían haber continuado por el Pasaje del Noroeste, pero Amundsen decidió quedarse un par de años en la zona y buscó un puerto abrigado, al que llamarían Puerto de Gjoa, que estuviese protegido del viento. Su angosta entrada evitaba también que les alcanzaran los grandes témpanos. En la actualidad nos lo muestra Google en su aplicación de mapas.


--> Apenas un mes después de su llegada, apereció un grupo de inuits que se establecieron junto a los exploradores. Eran Netsilik, el pueblo de inuits canadienses más aislado, y aunque sus antepasados se habían topado con algunos aventureros británicos, era la primera vez que veían al hombre blanco. Los noruegos aprendieron su lengua y pronto se estableció una relación amigable en la que unos y otros intercambiaban conocimientos, cuchillos, agujas y herramientas.


--> Amundsen, fascinado por esta nueva cultura, recogió una gran cantidad de artefactos inuit que pueden verse hoy en el museo etnográfico de Oslo.


--> Las mediciones magnéticas efectuadas a lo largo de los dos años que estuvieron allí, permitieron a los noruegos ser los primeros en demostrar que el polo norte magnético no es estable, sino que oscila de una forma bastante regular.


--> En la primavera de 1905, Amundsen estaba listo para continuar viaje hacia el oeste. Se desmanteló el campamento y zarparon el 13 de agosto, iniciando la difícil navegación por el estrecho de Simpson. Cuatro días más tarde alcanzaron la bahía de Cambridge, dejando atrás lo peor del viaje. Habían llegado hasta donde nadie antes lo había hecho.


--> Algunas jornadas más tarde se encontraron con un ballenero americano que sería el primero en felicitarles por haber encontrado el Paso del Noroeste. Amundsen quería proseguir hacia el oeste, pero el hielo les obligó a pasar un tercer invierno entre los témpanos.


--> La prioridad era entonces enviar un telegrama al periódico The Times informando de la proeza, con el fin de obtener dinero a cambio de la primicia. El único problema era que la estación de telégrafos más cercana estaba en Eagle City, en Alaska, a unos 1.300 km que habrían de recorrerse en trineo. Consiguieron enviar el telegrama, pero como Nansen no tenía dinero para pagarlo, se decidió divulgar su contenido a la prensa de Seattle, por lo que The Times se quedó sin historia y los expedicionarios sin el dinero prometido.


--> Amundsen regresó al barco tras recorrer en trineo los 2.600 km, y el Gjoa alcanzó el estrecho de Bering el penúltimo día de agosto de 1906, llegando a San Francisco, en la costa californiana, el 19 de octubre de 1906.


--> El explorador noruego era todo un profesional: sus diarios revelan que conocía a la perfección las expediciones anteriores y que había identificado dónde y cómo habían fracasado. Conocer qué ropas vestir, cómo construir iglús o cómo usar trineos y perros, la importancia de comer carne fresca y de almacenar comida, así como contar con una tripulación altamente cualificada le permitieron tener éxito donde otros habían fracasado.


--> Gjoa Haven, el puerto en el que se refugiaron durante dos años existe hoy en día en la provincia canadiense de Nunavut. Su nombre inuit es Uqsuqtuuq, que significa “mucha grasa”, en referencia a la cantidad de focas que hay por la zona. Es el único asentamiento de la isla King William.


--> Los primeros misioneros arribaron en la década de 1920 y la policía montada del Canadá en 1927. A finales de la década de los 50, el gobierno canadiense insta a los inuits a que formen comunidades y se construye la primera escuela. La televisión por cable no estaría disponible hasta los 90 y en los primeros años del presente siglo la población sobrepasó los 1.000 habitantes. Ahora es una de las comunidades que más rápido crecen en el Ártico mientras las temperaturas suben y el grosor del hielo disminuye. Se estima que con el calentamiento global esta ruta quede libre de hielos a partir de 2020, al menos durante algunos meses al año, permitiendo el comercio en barcos convencionales. El viaje se podría acortar entonces en unos 5.000 km.


--> En este museo se preocupan por mostramos cómo viven en la actualidad los habitantes de Gjoa Haven, pero también hay espacio para fotos históricas, como la de Magito, una mujer que Amundsen menciona con frecuencia en sus diarios, o la de Atagala y su familia, que visitaron a los exploradores un 20 de noviembre.


--> En otras, observamos a varias mujeres y niños Netsilik (la gente foca) en una expedición de pesca. También quedó constancia gráfica del primer intento por alcanzar el Polo Norte Magnético, que fracasaría solo cuatro días más tarde por el mal tiempo y por la falta de experiencia en el manejo de trineos y perros.


Ya para terminar, una pasarela elevada nos permite echar un vistazo al barco desde arriba. Tiene 21 metros de eslora y 7 de manga, siendo su calado de 3 metros. Su nombre hace honor a la esposa del armador que lo botó en 1872. El velero fue utilizado en la pesca del arenque primero y para la caza de focas desde 1884. Amundsen lo compró en marzo de 1901
Después de varias vicisitudes y sucesivas restauraciones en San Francisco, fue trasladado a Oslo en 1972, coincidiendo con el centenario de su botadura, siendo instalado en su ubicación actual en mayo de 2009.
Confío en que la entrada os haya parecido interesante sin resultaros pesada. Me llevó varios días prepararla y me lo pasé estupendamente, pero entiendo que no todos tengáis esa fascinación mía por las grandes exploraciones.
--> Fuentes: Museo del Gjoa, Wikipedia y elaboración propia.

martes, 1 de enero de 2019

Sudáfrica III - La flora en Grootbos

Cuando los holandeses llegaron a esta zona del mundo que hoy conocemos como la costa sudafricana, despreciaron la vegetación del lugar por tratarse de arbustos que en nada les servían para construir o reparar sus barcos.


De ahí proviene la palabra Fynbos, que en afrikáner denomina a los matorrales finos, unas plantas que en su mayoría tienen hojas estrechas, duras y perennes. Los europeos desconocían entonces que tenían ante ellos uno de los seis reinos florales que existen en el mundo, concretamente, el más pequeño de ellos.


Se extiende a lo largo de una franja costera de entre cien y doscientos kilómetros de ancho que abarca desde Clanwilliam hasta Port Elizabeth. El hecho de que solo llueva en invierno y que el fuego asole esta región de forma regular, provoca que apenas crezcan árboles y que predominen los matorrales y arbustos.



Pero no nos llevemos a engaño, no en vano, encontramos aquí unas 7.000 especies de plantas, de las cuales, casi 5.000 son endémicas (9.000 y 6.000 respectivamente, según otras fuentes). Para que os hagáis una idea, la diversidad de esta región es mayor que la de los bosques lluviosos de las regiones tropicales.




De aquí proviene el famoso rooibos que tanto se ha popularizado, mientras que otras plantas son utilizadas para fabricar tejados que duran varias décadas.




Yo estuve en invierno, que no es la mejor época, pero es que mi prioridad era ver tiburones blancos. No obstante, como parte de mi estancia en Grootbos, un espléndido hotel que se encuentra en una colina próxima a Hermanus y Gansbai, tuve la oportunidad de visitar esta región, tanto a pie como en todoterreno.




Grootbos, que afrikáner significa bosque grande, es una reserva natural privada en la que pasé unos días estupendos. Algún día os hablaré más de ella y de Jo, la guía que me habían asignado.




Fue una mañana muy agradable, en la que recorrimos la colina, deteniéndonos para admirar cada ejemplar interesante, disfrutando a la vez del mar en el horizonte.




Es un lugar al que volvería mañana mismo, sin dudarlo.