Dediqué
aquella soleada mañana de principios de junio a visitar varios museos en Oslo,
de modo que después del Fram y de la Kon Tiki, le tocó el turno al de barcos
vikingos.
En él se
exponen cuatro enterramientos, todos ellos excavados entre 1854 y 1904, en
zonas cercanas al fiordo de Oslo, aunque sólo se encontraron tres barcos:
Oseberg, Gokstad y Tune.
Los tres
barcos habían navegado antes de ser utilizados como tumbas, y en ellos se
encontró comida y bebida en abundancia, así como animales y varios objetos, tanto funcionales como
decorativos.
La nave
encontrada en la granja de Oseberg se utilizó como tumba de dos mujeres de alto
rango, enterradas en el 834, mientras que las otras dos embarcaciones, en las
que se encontraron cuerpos masculinos, datan de principios del siglo X.
No se hallaron
objetos de valor, se supone que haber sido robados, pero sí varias telas, cuero
y madera, algunos de los cuales están expuestos en el museo.
El barco
de Oseberg, de 22 metros metros de eslora, y un timón situado a estribor, debía
haber sido manejado por unos treinta hombres. La calidad de su construcción
indica que fue quizás utilizado para cruceros de placer por aguas tranquilas.
El barco
Tune, que fue excavado en 1867 contenía los restos de un hombre de alto rango y
está en peor estado de conservación que los otros dos. Al fondo de la sala
vemos la cámara mortuoria de Gokstad.
Sorprenden
las líneas estilizadas de estas embarcaciones y uno no puede sino imaginarlas
en sus viajes de exploración y rapiña.
La
embarcación de Gostad, encontrada en la granja del mismo nombre, fue utilizada
en torno al 890 como tumba de un gran jefe. Como ocurrió en las otras, fue
saqueada y despojada de objetos de valor, puede que también de armas. Este
barco, de 24 metros de eslora tendría una tripulación de unos 32 hombres. Si el
otro era de recreo, éste era capaz de internarse en aguas abiertas.
Además de
los barcos, encontramos en el museo otros objetos, como cuatro misteriosos
postes de madera con cabezas de animales. Provienen de la tumba de Oseberg y
fueron hallados atados por una cuerda, pero nadie sabe cuál era su función.
Como podéis ver, fue una mañana bien aprovechada, en la que
si bien salí indemne de las librerías del Fram (los libros eran demasiado
técnicos) y de la Kon-Tiki (demasiado infantiles), caí en la tentación y compré
cuatro o cinco libros de vikingos. Ahora sólo tengo que encontrar el tiempo de
leerlos :))














