lunes, 20 de julio de 2015

El Hierro IV

Aterricé a media tarde, pero con el sol justo al otro extremo de la isla parecía que fuese a anochecer de un momento a otro, así que sin soltar la maleta conduje hasta El Tamaduste, un pueblecito que hay cerca del aeropuerto.

Sólo las nubes más altas disfrutaban de los últimos rayos, el resto quedó a contraluz.



Incluyendo un mar embravecido.




Un mar infinito.


O quizás no tanto. Depende de hacia dónde miremos.




¿Nos llevará la ola?




Una vista general del pueblo, que corresponde a otro día, con algo más de luz.