Más que de un
castillo se trata de una pequeña ciudad, con sus calles, sus plazas, palacios e
iglesias. Miles de turistas la visitan a diario y hay tanto que ver que
fácilmente se nos va un día entero. Con
570 metro de largo y 130 de anchura media, es considerado el castillo antiguo
más grande del mundo (Wikipedia).
Los puntos de
interés están señalados en un folleto; sólo hay que seguir la numeración para
no perderse nada.
Esta fortaleza fue construida por los príncipes de
Praga en el siglo IX, aunque en realidad se mezclan infinidad de estilos
arquitectónicos. Según nuestra guía más de mil ventanas se asoman al Moldava,
que discurre unos metros más abajo.
La catedral de San
Vito nos espera encajonada en uno de los patios.
Empezó a construirse en tiempos de Carlos IV, a
mediados del siglo XIV pero no se completó hasta 1843. Las torres que se
yerguen al oeste no se terminaron hasta 1929. Bajo sus cimientos quedó otra
iglesia de planta circular construida por Wenceslao de la que se pueden ver
restos.
Subimos a una de
las torres y vemos Praga a ambos lados del río.
