Mi segundo día en Eslovenia comenzó con una de las
grandes atracciones del país, o quizás debería decir del mundo, porque este
sistema de cuevas es uno de los mayores cañones subterráneos conocidos por el
hombre.
Como no dejaban
hacer fotos dentro de la cueva, me he agenciado unas cuantas en la Red, pero no
llegan ni de lejos a mostrar la belleza de este lugar. Algunos datos los he
obtenido de Wikipedia.
Sus dimensiones son
abrumadoras. Mide unos 3,5 km de largo por entre 10 y 60 metros de ancho, pero la
profundidad del cañón supera los 140 metros en algunos puntos. Todo ello bajo
tierra.
El
camino discurre en gran parte junto al río, solo que muchos metros más arriba.
Lo cruzamos varias veces y pudimos comprobar su profundidad a pesar de que no
había mucha luz.
Con estas
características, no me extraña que esté catalogado como Patrimonio de la
Humanidad por la Unesco. En realidad es un ecosistema muy particular.
Estamos
en la región del karst, cerca del golfo de Trieste. El nombre de esta zona de
Eslovenia ha terminado por dar nombre a todos los terrenos de piedra caliza en
los que se filtra el agua, formando cuevas, dolinas y ríos subterráneos.
El río Reka desaparece de la superficie en Velika
Dolina y discurre bajo tierra a lo largo de 34 km en dirección al mar
Adriático. Resurge cerca de Monfalcone, donde se une al río Timavo.
Parece que estas
cuevas ya eran conocidas en el siglo II a.C. pero el turismo como tal no llegó
aquí hasta 1919. En la actualidad la visitan unas 100.000 personas al año. La
visita dura una hora y media que se hace muy corta; la temperatura es de unos 12ºC.
Al ir siguiendo la
corriente hemos bajado varios metros sin darnos cuenta, pero a la salida nos
espera un pequeño ascensor para facilitarnos el regreso.
Se me hace raro
publicar una entrada en este blog sin mis fotos, pero creo que merecía la pena
dar a conocer un lugar así.
















