domingo, 11 de enero de 2009

Témpanos

Abrigaos bien que en la excursión de hoy vais a pasar un poco de frío. Estamos en el brazo norte del Lago Argentino, llamado así por el conocido perito Francisco Moreno – de quien os hablaré en otra ocasión – en un intento que se demostrará frustrado de ver los glaciares Upsala y Onelli.

Una gran cantidad de témpanos se han desprendido en los últimos meses, bloqueando el acceso, de modo que nos desvían hacia otros glaciares menores. No obstante, el paseo en sí ya es un espectáculo y merece la pena.

Los primeros témpanos salen a nuestro encuentro poco después de haber zarpado. No penséis que son pequeños; ese barco que veis al fondo es bastante grande. El color azul es muy intenso en las zonas donde el hielo es más denso.




El día no está para bromas y se agradece que haya lugares donde guarecerse en la cubierta del barco.


La barrera aparece frente a nosotros, ocupando todo el horizonte. La recorremos en paralelo, buscando un resquicio, un punto débil que sabemos que no existe.





Las nubes y el agua. Un cuadro de colores fríos, muy apropiados.




De vez en cuando, una punta más azul se destaca sobre el resto y nos recuerda que aún existen los colores.



El agua se acerca solícita a lamer las heridas del hielo, llevándose un pequeño tesoro en cada embate. Los témpanos parecen ballenas varadas y poco pueden hacer para evitar el robo. Si uno se fija bien, podrá verlos llorar.



Tan grandes, con un corazón tan azul y tan indefensos.




Por desgracia, es hora de regresar. No me habría importado quedarme más tiempo.


lunes, 29 de diciembre de 2008

Iguazú desde Brasil

Mi primer día en Iguazú transcurrió en Brasil, con una caminata por la selva subtropical, un paseo en barco por el río Iguazú – unos 4km por encima de las cataratas – y con la visita al Parque Nacional. Dicen que la primera impresión es la que queda, y deben tener razón porque a mí tardará en olvidárseme. El lado argentino es el de la derecha de las fotos, pero lo dejamos para otra ocasión; hoy nos centramos en el brasileño.



Se baja cómodamente en ascensor, hasta la pasarela, que como veis discurre paralela al borde de la cascada. Es una forma de acercar la naturaleza a todos sin que ésta se vea dañada por los visitantes.


A la izquierda hay varios miradores desde los que admirar la caía del agua.


A nuestro lado aparece un mar embravecido, lleno de escollos.


El río sigue su curso, alterado aún, intentando recomponer sus aguas revueltas.


El lado argentino se oculta tras una cortina de agua arrastrada por el viento.





La cámara se llena de agua en un instante. Limpiar el objetivo, disparar, volver a limpiar… Es difícil enfocar bien.


La pasarela corre junto al borde y el agua se precipita veloz, bajo nuestros pies.



Mientras, el sol juega con las gotas de agua en suspensión.

El guía tuvo que cogerme del brazo y sacarme de allí, pero ya había sido abducido. Os dejo un vídeo par ver y, sobre todo, para escuchar.