Habíamos pasado el día en Pizol, en el norte de Suiza, y aprovechamos
para dar una vuelta por Vaduz, capital de Liechtenstein, que no quedaba lejos.
En realidad, el principal motivo era que me hacía ilusión
incluir un país más en mi lista, y mis amigos, que ya habían estado, accedieron
a repetir.
Liechtenstein es un nombre muy largo para un estado tan diminuto,
ya que apenas tiene 160 km2. En Europa, sólo el Vaticano, Mónaco y San Marino
están por detrás suyo. Vaduz, con sus 5.000 habitantes, también es pequeña.
El castillo, residencia de los príncipes, está situado en
lo alto de un risco. De época medieval, fue ampliado y fortificado durante los
siglos XVI y XVII. Está cerrado al público.
Era muy tarde para ver el museo de arte moderno o el
museo del sello, de interés para los filatélicos. En cambio, nos encontramos
esta señora, obra de Botero.
Nos limitamos a dar una vuelta por la calle principal y a
visitar un viñedo en el que han plantado muchas variedades de uva.
Desde allí se divisaba mejor el castillo. Mientras, los
últimos rayos de sol iluminaban la montaña.
Al
regresar pasamos por el ayuntamiento y nos hizo gracia encontrar el km cero de
este país.
Espero volver con más calma en otra ocasión y recorrer a
pie parte de sus 400 km de senderos. También sería una buena idea hacer en
bicicleta los 59 km del circuito de los tres países, una ruta circular que sale
de Vaduz, y pasa por la medieval Feldkirch en Austria y Buchs en Suiza.



















