Supongo que cualquiera que piense en
la India tiene sus fotos preconcebidas en la cabeza, imágenes de la gente, del
colorido, de los templos y del bullicio, quizá incluso de la pobreza.
Yo tenía
dos: la foto del Taj Mahal y ésta del Palacio de los vientos.
A veces
me pasa que imagino la foto antes de tomarla, antes incluso de llegar al sitio
en cuestión. En este caso sabía que teníamos que ir a primera hora de la
mañana, para que el sol le diera de pleno, y así se lo dijimos a nuestro
chófer.
Tuvimos
suerte, el día amaneció soleado, y pudimos apreciar bien los detalles de esta
preciosa fachada a pesar del intenso tráfico de vehículos que transitaban
apenas a un par de metros de donde estábamos nosotros.
El Hawa
Mahal, que es como en realidad se llama este palacio, es una de las muchas
atracciones de Jaipur. Fue construido en 1799 por el marajá Sawai Pratap Singh,
y formaba parte del Palacio de la ciudad. Servía como extensión de la zenana,
destinada al harén.
Las
celosías de las 953 ventanas permitían a las mujeres contemplar la vida de la
ciudad sin ser vistas.
Construido
en arenisca roja y rosa, con incrustaciones en óxido de calcio, está
considerado como el máximo exponente de la arquitectura Rajput.
Otro día
os enseño el interior, que aunque es menos vistoso, también merece la pena.
