Se trata sin duda de una isla bella, pero su nombre es una contracción de Isole Isabella, nombre de la esposa de Carlo Borromeo. Estamos en el norte de Italia, en el Lago Maggiore y os llevo a una de las tres Islas Borromeo. Yo estuve en junio, pero el clima es muy benigno durante todo el año. Eso sí, llueve bastante.

La mejor opción es dormir en uno de los muchos hoteles de Stresa y tomar un barco por la mañana temprano, cuando aún hay poca gente y podemos evitar las colas. También son accesibles desde Verbania.

El lago está dividido en tres zonas, y se puede adquirir un billete para la parte central, donde están las islas y el jardín de Villa Taranto. Nos valdrá para navegar durante todo el día. Los barcos son cómodos, grandes y cubiertos en parte; llegaremos a la isla en pocos minutos.

A principios del siglo XVII sólo se levantaban aquí unas cuantas casas de pescadores y un par de capillas. Poco a poco, la familia Borromeo fue adquiriendo los terrenos, con la intención de construir un palacio, tarea que les llevó varios siglos, llegando hasta la mitad del XX. Para que os hagáis una idea, estuvo más de cien años sin amueblar.




No me dejaron hacer fotos en el interior, así que tenemos que conformarnos con éstas de los patios. Hay cuadros, frescos y tapices de gran calidad, así como esculturas – mucho mejores que las que pudimos ver en el exterior – y varias salas muy originales, con una decoración que simulaba unas grutas y en las que la temperatura era más moderada en verano.

















