sábado, 1 de marzo de 2008

Scottsdale, Arizona

Esta vez no son muy bonitas, pero es que estuve encerrado en un hotel casi todo el tiempo. Ya os compensaré.

Teníamos una excursión planeada para el domingo por la tarde, único momento en el que disponíamos de tiempo libre, pero hacía mal tiempo y nos la cancelaron. Un paseo por la ciudad hizo de sustituto improvisado.

Vimos una bandera de España y nos acercamos curiosos. Se trataba de un restaurante español llamado Pepín, con toda la parafernalia de tapas y espectáculos flamencos.


Un poco más allá llegamos a un parque, donde estaban rodando este extraño anuncio; miedo me da pensar en el producto.


El parque no tenía mala pinta, pero era muy pequeño.


Allí los restaurantes son de un solo tenedor. Eso sí, las raciones son abundantes.


Nuestro hotel era más bien un resort, con habitaciones adosadas, muy desperdigadas.


Estaban tan distantes unas de otras que te llevaban las maletas en carritos de golf. Al llegar te dan un plano para que no te pierdas y las distancias asustan.





A mí no me habría importado montar en un Mustang, que además de modelo de coche, es como se llama a los caballos salvajes en Norteamérica.


Me habría apañado incluso con un Lamborghini.


Aunque también los había más modestos.


Pero no, al final me conformé con leer un poco en mi terraza durante los ratos libres, entre reunión y reunión.


Porque durante las negociaciones las espaldas estaban bien en alto.


Y había que elegir muy bien dónde sentarse.


Encontré tipos solitarios.


Por más que la mayoría formara pequeños grupos. ¡Qué altos eran algunos!


También los había que parecían estar en un pedestal.


Otros, en cambio, estaban deseando abrazarte. ¡Ouch!


La gente levantaba la mano a modo de saludo entre las mesas.


Yo me quedo con el sitio y con algunos amigos a los que sólo puedo ver de vez en cuando.


Me pregunto adónde llevarán este tipo de eventos.

domingo, 10 de febrero de 2008

Venecia I

Por elección de Patry y ante los requerimientos de Leodegundia, nos ponemos de nuevo en marcha, en esta ocasión rumbo a Venecia.

Es materialmente imposible encerrar en una veintena de fotos la esencia de esta ciudad tan mágica que parece haya hecho un pacto con el diablo. No es la más bonita, no es la más romántica (?) tampoco es la más grande, pero para muchos de nosotros es especial. Simplemente, no hay otra como ella. Así pues, esta será la primera entrada de muchas, porque volveremos, no os quepa duda.

En mi primer viaje a Italia estuve diez o doce días recorriendo Florencia, Lucca, Pisa, Siena, y otras zonas de la Toscana. Desde Florencia tomamos un tren a Venecia, donde pasé cinco días espectaculares. Luego he vuelto otra vez, hace justo un par de años. Si no la conocéis, no podéis dejar de verla. Espero que las fotos que he seleccionado os gusten.

Salvo que lleguemos por barco, lo habitual es que la primera imagen de Venecia sea la estación de tren o la Plaza Roma. Desde allí, lo más recomendable es tomar un vaporetto, bien por el Gran Canal, bien rodeando la ciudad. Los mejores hoteles están en la otra punta, junto a la Plaza de San Marcos. El puente más famoso, el Rialto, se encuentra a medio camino.

Venecia se asienta sobre algo más de 100 islas y el centro histórico está dividido en sestieri, el equivalente de nuestros barrios: Cannaregio, Castello, San Polo, Santa Croce, Dorsoduro y San Marco.

El Gran Canal está flanqueado por bellos edificios.




Al final del Gran Canal encontramos Santa Maria della Salute.



Y justo a la izquierda descubrimos el campanile de la Plaza de San Marcos.



La plaza es muy famosa y aparece en multitud de películas. Hay muchas terrazas en las que tomar el café más caro de la ciudad.


La plaza es más grande de lo que esperamos. Al fondo está la Basílica de San Marcos. Otro día hablaremos de ella y de sus mosaicos.






Los reflejos de los rayos del final de la tarde son espectaculares.



Hay muchas tiendas de anticuarios y de artículos para turistas, pero el protagonista es el cristal de Murano. Hablaré de él otro día que nos demos una vuelta por las islas.



Y las góndolas…


Venecia hay que recorrerla a pie, hay que perderse en su laberinto de canales para encontrar los rincones más valiosos.




Hay multitud de iglesias, verdaderas obras de arte con auténticas joyas en su interior.




París puede ser la ciudad romántica por excelencia, el lugar perfecto para una mesa para dos, en un café o en un restaurante. Con una botella de Champagne, disfrutando a grandes sorbos del sabor de lo prohibido. Pero cuando se pone el sol y algunas ventanas se iluminan




Venecia nos muestra su lado más aventurero. Una ciudad en la que todo es posible, donde las intenciones se esconden tras una máscara de carnaval.