domingo, 19 de abril de 2015

Tahai I

Con todas las fotos que tiro no suelo comprar muchas postales, pero siguiendo un consejo que leí en algún sitio, suelo fijarme en ellas, porque te dan una idea de dónde se pueden hacer buenas fotos.    


Habíamos visto algunas de la puesta de sol en Tahai y sabíamos que no estaba lejos de Hanga Roa, que se podía ir caminando. Preguntamos en el hotel, y con la amabilidad que les caracterizó durante toda nuestra estancia, nos indicaron cómo llegar e incluso dónde podíamos cenar.

Caminamos sin prisa, cerca de una hora, por la costa hasta llegar al lugar en cuestión, un poco más allá del cementerio, que estaba lleno de flores. Hay carteles que avisan del riesgo de tsunamis, aunque no estoy seguro de que la isla tenga altura suficiente para ofrecer protección.





Había gente esperando la puesta de sol junto a tres ahus: Ahu Tahai, de un solo moai, Ahu Ko Te Riku, que tiene restaurados los ojos y Ahu Vai Ure, el más completo.    






Junto a los moai encontramos una rampa para las canoas como las que había hace décadas, ya que la isla sólo cuenta con dos playas y el acceso desde el mar es complicado.    



El sol fue bajando, regalándonos momentos preciosos.



El ocaso fue bonito pero muy corto. Las nubes duraron poco tiempo con el típico color rosa, pero mereció la pena y conseguimos unas buenas fotos de recuerdo.    






Habíamos visto varios restaurantes por el camino, pero ninguno que nos llamara la atención, así que entramos en A bout du monde, que pertenece a una belga, donde comí un magnífico steak tartare. Pedimos una botella de carmenère, pero no estaba tan bueno como el de Santiago y la cena fue también algo cara.