domingo, 10 de junio de 2018

Australia V - Mala Walk en Uluru

Este sendero es muy fácil y muy corto; ideal para caminarlo el mismo día que llegamos. Podemos seguir el mapa que nos dan en el centro de información, pero está tan bien señalizado que es fácil hacerlo por nuestra cuenta.

Parte del mismo aparcamiento que se utiliza para ascender a la roca, algo que decidimos no hacer por la fuerte pendiente y las altas temperaturas. Además, esa tarde, el acceso estaba cerrado por la proximidad de una tormenta que terminaría descargando tras el ocaso.


El sendero discurre muy pegado a Uluru, atravesando un bosque de mulga, unas acacias que se encuentran entre las plantas más abundantes dentro del parque. También veremos spinifex por todas partes, así como otros tipos de árboles. No en vano, a pesar del desierto, hay más de 400 especies vegetales en el parque.




También encontramos varias cuevas, refugios aprovechados por los aborígenes para sus reuniones y ceremonias. Son más bien agujeros en la roca, algunos de los cuales están a ras de suelo y han sido utilizados para cocinar o como lugares de reunión.





En algunas podemos ver pinturas con figuras humanas, aunque en su mayor parte se trata de líneas que no tienen ningún significado para los no iniciados. No es mala idea, pues, apuntarse a alguna de las excursiones guiadas, que nos darán más información sobre su cultura. Podéis encontrar información aquí.




Los Anangu, que es como se denominan a ellos mismos esos pueblos aborígenes de nombres impronunciables, organizan tours guiados, aunque nosotros preferimos ir por nuestra cuenta por dos motivos: primero, porque queríamos ir a nuestro propio ritmo; segundo, porque, debido al carácter sagrado que otorgan a esta zona, te piden que no hagas fotos en algunos sitios, y yo, quería tener total libertad.




Caminamos sobre las pisadas de pueblos antiquísimos, y quiero hacerlo con todo el respeto del mundo, pero de ahí a que no pueda fotografiar una parte de la roca porque alguien crea que representa a los espíritus de sus antepasados hay un trecho que no estoy dispuesto a salvar. No obstante, he procurado no publicar fotos de las áreas “sagradas” aunque no puedo garantizar que no se me haya colado alguna. Es curioso, porque suelo conectar con otras culturas, algo que no me sucedió en esta parte de Australia.


Ha llovido los días anteriores a nuestra llegada, y en la base de la roca se acumula un agua que cae con lentitud debido a la porosidad del monolito. Deja un rastro de color oscuro, causado por unas algas que colorean la piedra.


Al llegar a la zona con más arboleda, caminamos sobre pasarelas que protegen el entorno de nuestras pisadas, porque el ecosistema es más frágil de lo que aparenta, y soporta el paso de infinidad de turistas a lo largo del año.




Conforme nos acercamos al Kantju Gorge, que está al final del camino, la roca crece, las paredes se hacen más altas y encontramos un estanque de aguas transparentes en el que reina la más absoluta tranquilidad.




No me extraña que el poblado Mala, proveniente del norte, encontrara aquí el lugar idóneo para establecerse. Hasta la temperatura desciende unos cuantos grados.





Desde aquí iniciamos el regreso. El camino es de ida y vuelta, de un kilómetro por sentido y tan llano que es accesible incluso en silla de ruedas.






Si voláis desde Melbourne, como hicimos nosotros, aterrizaréis a media mañana, por lo que podéis dedicar esa misma tarde a recorrer estos paseos, ya que son cortos, sencillos y no llevan mucho tiempo. Es más fácil si habéis alquilado un coche, ya que no hay transporte público y los tours tienen sus propios horarios.