sábado, 18 de mayo de 2013

Una pausa


Amigos,

Esto no es una despedida, sino un hasta pronto. Mi vida cambia y tengo que "emigrar" a Suiza porque mi trabajo ya está allí y no quiero quedarme atrás. Esta vez haré una maleta más grande de lo habitual y la llenaré de la misma ilusión que me llevó a Bruselas hace diecisiete años.



Las ocupaciones de este último año me han mantenido demasiado lejos de vosotros, y los próximos meses serán aún más absorbentes. Toca esforzarse más de lo habitual, y como no me siento cómodo espaciando mis visitas por vuestras bitácoras, ni haciendo las cosas a medias, prefiero hacéroslo saber y leeros cuando me sea posible.

Prometo volver cuando las aguas se hayan calmado, porque me gusta este mundo. He encontrado gente fantástica a la que no pienso olvidar y me he divertido mucho. Mi correo, que podéis encontrar en mi perfil, sigue abierto para lo que queráis.

Desearos a todos que seáis felices. Yo pienso aprovechar la estupenda oportunidad que me ofrecen y seguir viviendo como hasta ahora: a tope.

domingo, 28 de abril de 2013

Córcega - Bonifacio

Mirando hacia Cerdeña, de la que está separada por el estrecho del mismo nombre, la ciudad de Bonifacio se encuentra en el extremo sur de la francesa isla de Córcega. Pasear por sus calles, detenerse en sus miradores y disfrutar de sus restaurantes es estupendo, pero hoy vamos a echarle un vistazo desde el agua.


Es por la mañana y hace un día soleado estupendo para navegar. La mejor manera de apreciar esta ciudad es desde el mar. Salimos del puerto y dejamos atrás la ciudadela y el faro de la bocana para dirigirnos hacia el oeste.





Nuestro barco se adentra en las pequeñas calas de aguas transparentes.



Pasamos junto a algunos yates, veleros de gente adinerada. Por la noche los veremos atracados en el puerto mientras damos cuenta de un buen pescado.


Los acantilados de piedra caliza se extienden a lo largo de la costa. Esta formación, en el extremo sur de la isla, se llama el timón de Córcega.



La reserva natural de Las Bocas de Bonifacio se extiende durante varios kilómetros. La ciudad queda 60 metros más arriba, al borde de los acantilados. Las escaleras del rey de Aragón la conectan con el mar.




El momento del día es idóneo para las fotos.






Regresamos a puerto, maravillados con esta parte de Francia.