Hace mucho que no volvemos por la isla de El Hierro, así que he pensado llevaros hoy a Charco Manso, que de manso sólo tiene el nombre. La carretera ofrece bonitas vistas mientras serpentea colina abajo hacia la costa.
Abajo del todo termina en un pequeño aparcamiento desde el que hay que caminar un poco.
Me gustaría ver a Fernando Alonso negociando esta curva.
La lava, el color del agua; lástima que esté tan fría.
Una pequeña calzada de los gigantes, a escala de la que hay en mi querida Irlanda.
Lava y agua conviven, aunque no de forma pacífica.
El sol tarda en elevarse. Sus rayos no alcanzan esta zona de la isla hasta bien avanzado el día.
Son muchos los arcos de roca que podemos ver mientras recorremos la costa.
También hay un par de piscinas naturales para los más valientes.
El agua ataca con violencia, surgiendo justo ante nuestros propios pies. Es mejor estar atento porque no hace prisioneros.
El agua se cuela implacable por todos los resquicios.




















































