viernes, 25 de junio de 2010

Scala dei Turchi

Supongo que ya dije en alguna entrada anterior que Sicilia no es sólo mafia. De hecho no se la ve por ningún lado. A veces el cine y los telediarios tergiversan la realidad, pero yo recomiendo encarecidamente una visita a esta isla, la más grande del Mediterráneo.

Estuve en junio de 2006; dos semanas, recorriéndola de punta a punta, perdiéndome por sus carreteras, visitando sus muchos pueblos y manteniéndome lo más alejado posible de los circuitos turísticos más típicos.

La Scala dei Turchi es uno de esos lugares que sólo se visitan si uno dispone de vehículo propio, porque sin estar demasiado apartado hay que hacer el esfuerzo de buscarlo. Está a 10km de Agrigento, muy cerca de Porto Empedocle.



Es una roca de tipo sedimentario que se encuentra junto al mar. La peculiaridad es que esta mezcla de caliza y arcilla es de un blanco absoluto. Sus formas son redondeadas e invitan a sentarse a contemplar el mar.



¿Nos asomamos al borde?



El acceso es a través de una preciosa playa, y las vistas desde allí son bonitas. Aún recuerdo el sol y la brisa marina, la sensación de absoluta placidez. Merece la pena apartarse de los caminos más trillados y dedicarle algo de tiempo.


miércoles, 2 de junio de 2010

Lagunas de Ruidera II

He tenido que renunciar a subir las fotos con más resolución, porque me estaba comiendo a marchas forzadas el espacio que nos da Blogger.

El problema es que Photoshop no me deja reducirlas demasiado, y al hacerlo con el Picture Manager de Microsoft Office la temperatura del color aumenta y no me gusta cómo quedan. ¿Cómo las comprimís vosotros?





El agua lleva bastante fuerza, impaciente por iniciar un camino que terminará en el Atlántico, 800 kilómetros después.


Un poco más arriba aún discurre tranquila, ignorante de los sobresaltos que la esperan.


Porque termina por derramarse con violencia por una herida abierta en la piedra.




Estas son las cascadas que me reclamaban Víctor y Ana. Habrían quedado mejor con la luz de la tarde, sin tener el sol justo enfrente, pero estuvimos visitando un par de castillos y no nos dio tiempo a volver.


Sol y nubes se turnaban casi por igual.



El sendero que lleva a la Laguna Blanca nos descubre otros paisajes igualmente inundados.





Árboles atrapados sin escape posible que han echado raíces en el cielo.



A más de uno le sorprenderá descubrir esta Castilla que todos imaginamos falta de agua.