miércoles, 18 de febrero de 2009

Escocia I

Pensaba llevaros un poco más lejos de Irlanda, pero por una vez he decidido ser bueno y ahorraros el jet-lag, así que después de las húmedas tierras de Irlanda aterrizamos en las húmedas tierras de Escocia. De charco en charco, vamos.

A primera vista parece que los edificios no se conservan precisamente enteros, como la Catedral de San Andrews, por ejemplo, o el castillo del mismo nombre, sin ir más lejos.



Más adelante descubrimos que estas ruinas forman parte del encanto propio de Escocia, hasta el punto de que aportan cierto aire romántico. La Catedral de Elgin es otro ejemplo de ello.



Una cosa es segura, hay mucho verde, como en esta carretera en Kirremuir.



El país está plagado de “pequeñas” residencias, como el Castillo de Gladis. ¿Imaginais el gasto en calefacción?


Claro que también hay otros con grandes corrientes de aire. Todo exterior y con buenas vistas. Es el Castillo Dunnottar.



Vi más de treinta castillos, la mayoría se pueden visitar por dentro, como éste, llamado Crathes, con sus cuidados jardines. Agua nos les falta.



O el Castillo Fraser.


Os presento otro de los iconos escoceses, sus monumentos megalíticos, como este círculo de piedras.


Y sus valles, denominados “glen” como el Glen Muik Ballater.


Éste es el Castillo Braemar.


Otro círculo de piedras (en dos mitades) el Tom Averie. ¡Y con sol!



El Castillo Craigievar, una de las muchas torres que andan desperdigadas por allí.


Y no nos podemos olvidar de visitar una destilería de whisky, en este caso la de Glenfiddich, la única que podía verse gratis en el 2000.


Otro modesto castillo, el Fivie. Es estupendo para una de esas fiestas que salen en el cine. Recordadme que os invite a la próxima.



La costa es sólo para verla: mírame y no te bañes. Ésta roca se llama Bow Fiddle Rock y está en Portkmockie.


Estas otras son del Faro Rosemarkie y sus alrededores.




Más castillos, el Cawdor y el Stwart.


Volveremos por aquí otro día y os contaré más cosas.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los acantilados de Moher

Hoy nos vamos a Irlanda, al condado de Clare en la costa oeste, para visitar los “Cliffs of Moher” unos acantilados de algo más de 200 metros de altura que se extienden a lo largo de ocho kilómetros. Un sendero con una ligera pendiente los recorre de punta a punta.


Se trata de una de las grandes atracciones del país – llega al millón anual de visitantes – y es muy típica la foto en la que se ve gente tendida justo sobre el borde. Esta vez, Tawaki fue prudente y no lo hizo, porque había leído que los desprendimientos son habituales y no quería terminar despeñado.


En 1988 fue declarada zona de especial protección para 29 especies diferentes de aves marinas, y cuenta con un centro de interpretación desde 2007. Tiene muy buena pinta, pero no existía cuando estuve por allí, tres años antes.

Ya se puede ver que el clima no acompañó mucho, con el sol justo enfrente y oculto por las nubes. No obstante, Irlanda siempre merece la pena; es un país hermoso con mucha historia y con bellos paisajes, ya sabéis que me encanta.


Según la Wikipedia:

La torre de O'Brien (O'Brien's Tower) es una torre circular de piedra que se encuentra aproximadamente en la mitad de los acantilados. Fue construida por Sir Cornellius O'Brien en 1835 como mirador para los cientos de turistas que acudían al lugar incluso en aquel tiempo. Desde lo alto de la atalaya se pueden ver las Aran Islands y la Bahía de Galway, y al fondo las montañas Maumturk en Connemara.



Yo no tuve tiempo de cruzar hasta las cercanas islas de Aran, preferí seguir conduciendo hacia el norte, pero tengo entendido que el paisaje y la sensación de aislamiento son espectaculares.