martes, 14 de marzo de 2017

Vietnam III – Bahía de Halong

El mundo está lleno de lugares maravillosos que nadie conoce y a los que no se da ningún protagonismo. No es el caso de la bahía de Halong, popularizada por las revistas de viajes y por varias películas en las que ha aparecido. Es, por lo tanto, imposible acercarse a ella sin un conocimiento previo, sin unas expectativas muy altas.
En nuestro caso, habíamos leído varios blogs y nos habíamos informado con detalle en la agencia, decantándonos por pasar dos noches a bordo del barco. Resulta que mucha gente se limita a la excursión de un día, mientras que otros optan por dormir una noche. Quedarte más tiempo te permite alejarte más y llegar a rincones en los que disfrutar prácticamente a solas del paisaje. Depende de lo que andes buscando, pero para nosotros era la mejor opción y es la que recomiendo.




Otro tema a tener en cuenta es el tamaño del barco. Nosotros queríamos algo pequeño y terminamos compartiéndolo con otros ocho pasajeros: dos canadienses, dos neozelandeses, dos estadounidenses y dos daneses. Tuvimos suerte, nos caímos bien de inmediato, compartíamos un idioma común y lo pasamos en grande.



Son muchos los barcos que zarpan a la misma hora, pero la organización es perfecta, y antes de que te des cuenta ya vas camino de esos islotes rocosos tan particulares. Lo que para nosotros es una aventura, para la tripulación es sólo un viaje más, pero lo viven como si fuera el primero y te transmiten su ilusión.
Impacientes, interrumpíamos el almuerzo cada dos por tres para sacar alguna foto desde la cubierta.




La bahía es grande, tiene unos 1.500 km2 y a pesar de que hay muchos barcos, estos se dispersan lo suficiente para no molestar. De hecho, no hay más concesiones, con la idea de ir reduciendo su número y el impacto del turismo. Veremos si lo consiguen.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, forma parte de las siete maravillas del mundo, clasificación algo cuestionable en mi opinión, sin restarle por ello ningún mérito a su innegable belleza. Hay más de 2.000 islotes, la inmensa mayoría deshabitados.




Llegamos con un cielo algo nublado, pero apenas cayeron unas gotas, y esa misma tarde disfrutamos de un paseo en barca y de un buen baño bajo un cielo más despejado. Es invierno y el aire no está del todo claro, sin embargo.


Con los chalecos puestos, ya que se toman en serio la seguridad, pudimos admirar de cerca estas formaciones rocosas, atravesando algún túnel que nos llevaba a zonas más aisladas y tranquilas.





Luego pudimos darnos un chapuzón. El agua estaba caliente, y tan salada, que era fácil flotar sin esfuerzo. Me hubiese quedado allí horas.
En Vietnam anochece relativamente pronto en noviembre, y tuvimos que darnos prisa para disfrutar de las vistas desde el barco antes de ir a cenar.





He mezclado las fotos, que corresponden a varios días. De ahí que luzcan tan diferentes, tan pronto con un cielo cubierto de nubes como con un sol radiante.