domingo, 30 de noviembre de 2008

Nueva Zelanda I

Se cumple el primer año de este blog y siendo fiel a su espíritu, no estaré aquí para celebrarlo, sino en Argentina. Después de todo trata de viajes y fotografías, ¿no? Pues eso.

Es también la primera entrada de muchas que irán cayendo poco a poco, porque tengo varios miles de fotos de este viaje, el más impresionante de todos los que hice hasta la fecha. De hecho, aún no he decidido si le dedicaré un blog exclusivo.

Es un poco larga, lo sé, pero pienso daros un mes, para que podáis leerla con calma.
Las fotos no hacen justicia a tanta belleza. Aunque no es un país demasiado grande, es mayor de lo que la gente cree, y hay un poco de todo: magníficas playas junto a altas montañas nevadas, fiordos intrincados, ríos caudalosos y multitud de lagos.


Este campo de flores ya lo conocéis. Estamos en el suroeste de la isla del sur, en una zona delimitada por altas montañas y numerosos fiordos, denominados aquí sounds. Es la carretera que une Te Anau, un precioso pueblo a orillas de un lago de postal con Milford Sound.



Tenéis que imaginar que están dispuestas en horizontal, una al lado de la otra, de izquierda a derecha. Algún día aprenderé a hacer panorámicas con varias fotos, pero ahora no dispongo de mucho tiempo.




Hay agua por todas partes. Éste es el Mackay Creek.




A pesar de ser verano hubo nubes gran parte del tiempo. No en vano, llueve muy a menudo, así que es raro encontrar días soleados como éste.


Los Mirror Lakes (lagos espejo) son preciosos y sólo tienen un defecto: a la pasarela le faltan un par de metros para que montañas y reflejo quepan en el mismo encuadre. Casi me rompo la espalda, intentándolo, pero fue imposible.




Los lagos se suceden sin fin y las montañas se van haciendo más altas conforme nos acercamos a Milford Sound.


No hay ruidos ni basura. La sensación de paz te invade por completo.



La nieve aparece sin avisar mientras la carretera, que está bien asfaltada, se adentra entre las montañas.



Con este elemento de abajo hay que tener cuidado. Es un kea, y por lo visto le encanta enredar con las juntas de goma de las ventanas de los coches, las antenas y las cámaras fotográficas. También es capaz de robar pequeños objetos. No tiene ningún miedo, y se pasea a pocos metros de los turistas, señal de que la gente es respetuosa con ellos.


En Nueva Zelanda la naturaleza es accesible a todos. Es posible caminar durante días por sendas kilométricas, durmiendo en refugios, pero para los que nos movemos en coche y buscamos la comodidad de una ducha caliente es fácil acercarse a los puntos de mayor interés. Las sendas están muy bien señalizadas, los bosques protegidos y silenciosos.



Después de atravesar un largo túnel nos espera Milford Sound, pero eso lo dejo para otra entrada. Nos vemos en unas semanas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La Galicia del interior

Tenía pensada otra entrada diferente, pero he cambiado de opinión para complacer a Moisés Márquez, que me había pedido fotos del interior de Galicia. Sí, Pulgacroft, ya sé que te debo una sobre Asturias; ya casi está preparada. Prometo publicarla pronto.


En casi todos mis viajes por Galicia me he dedicado a la costa, quizás porque el mar me atrae y viviendo en Madrid lo echo de menos. En 2002 dediqué, sin embargo, varios días a recorrer la provincia de Lugo.



Galicia es una tierra de suaves montes. No es raro encontrarse con días nublados, pero ese paisaje tan verde y suave, esos pueblos medio abandonados en los que apenas vive nadie, esos monasterios desperdigados que nos cuentan historias de otro tiempo, hacen que la visita merezca la pena.

Pero hay además cantidad de senderos por los que es fácil caminar, y sus bosques, muy densos, han dado lugar a todo tipo de leyendas.



Las fotos que estáis viendo corresponden a la Sierra del Courel, situada entre Lugo, Orense y León, y los Ancares. Los pueblos tienen un encanto especial, pero parecen casi deshabitados.




No muy lejos de allí encontramos un curioso castro, en el que las casas eran cuadradas. Es el Catro da Torre y está enclavado en lo alto de un monte, pero se llega a él sin dificultad.



Cuando sale el sol se pueden apreciar mejor los colores.


Las carreteras comarcales serpentean entre los montes.



También encontramos pallozas, unas construcciones típicas de esta zona.






También se ven estas construcciones redondas, para proteger los panales.


Y no nos olvidemos de los puentes medievales, ni de los castillos. Aún nos queda mucho por ver.